Unas gafas de sol tienen un pequeño secreto: reflejan el mundo entero en un espacio muy pequeño. Si las miras de cerca, verás el cielo, los árboles, a quien las lleva y a quien las mira. Fotografiar ese reflejo es un juego creativo, ideal para una tarde de verano, y puede convertirse en una foto original de toda la familia, con un toque de sorpresa que gustará a mayores y pequeños.
Un pequeño espejo curvo
Pide a alguien que se ponga unas gafas de sol con los cristales oscuros y brillantes. Acércate a poca distancia de las gafas, con el móvil a la altura de los ojos. Verás cómo se reflejan la familia, el jardín o la playa detrás de ti. Toca la pantalla sobre las gafas para enfocarlas y ajusta la posición hasta que los reflejos sean nítidos y los rostros se reconozcan.
Cuida la luz. Con el sol a tu espalda, los reflejos aparecen claros. Si el sol está enfrente, verás un destello en las gafas y perderás los detalles. Aprovecha la sombra: el reflejo funciona mejor si la persona que lleva las gafas está en la sombra o a contraluz suave. Prueba distintas posiciones y ángulos, y no tengas prisa. Es un juego de paciencia.
Propón que cada uno sea protagonista una vez. Un niño con las gafas grandes de su padre, una abuela con unas gafas de colores, un joven con gafas de espejo. Cada reflejo muestra algo distinto: un grupo de primos, un perro, una sombrilla. Haz un retrato de cada persona con su mundo reflejado. Al final tendrás una pequeña serie muy original, que nadie más tendrá.
Ten cuidado con el móvil y con las gafas: que nadie se las quite de golpe ni las deje en el suelo. Recuerda a los niños que las gafas no son juguetes. Al terminar, mira las fotos con toda la familia y busca los detalles que nadie vio en el momento. Escribe una nota con quién llevaba las gafas y dónde fue. Es un recuerdo que provoca sorpresa cada vez que se mira.