Un día en el parque de atracciones es una sucesión de emociones: la espera en la cola, la sorpresa al subir, los gritos de la bajada, el algodón de azúcar pegajoso, el cansancio del final. Querrás guardar todo eso, pero también disfrutarlo. Con un plan sencillo puedes sacar buenas fotos de cada parte del día sin pasarte las horas mirando la pantalla, y sin que los niños tengan que esperar a que termines.
Cada momento tiene su foto
Haz una foto al llegar, en la entrada, con las caras aún frescas y la ilusión intacta. Es una foto que después sirve de inicio de la historia. Aprovecha la cola para sacar pequeñas escenas: un niño mirando hacia arriba una atracción enorme, unas manos agarradas, un gesto de nervios. Son momentos que no se repiten y que no interrumpen la diversión de nadie.
En las atracciones, la seguridad es lo primero. Guarda el móvil antes de subir, salvo que tengas un lugar seguro para él. Muchas veces es mejor quedarte abajo y sacar una foto desde el suelo cuando la atracción pasa por delante, con las caras de los niños llenas de emoción. Busca un lugar desde el que veas el recorrido y espera con paciencia. Haz varias fotos seguidas y elige la mejor después.
Cuida la luz. Los parques suelen tener colores intensos y sol fuerte, así que las sombras son duras al mediodía. Por la tarde, la luz suaviza los colores, y al anochecer las luces del parque dan un ambiente mágico. Apoya el móvil en una barandilla para que no salga movido. No uses el flash: no ayuda, y además molesta a los demás.
Recuerda a quién ves alrededor. En un parque hay muchos niños y familias, y no todos quieren salir en tus fotos. Encuadra de modo que aparezcan los tuyos y no los de otros, y no compartas imágenes donde otros niños se reconozcan sin pedir permiso. Al final del día, elige unas pocas fotos y deja que cada niño escoja su favorita. Con ellas puedes hacer una tira, un pequeño álbum o un marco para la pared.